miércoles, 20 de mayo de 2009

Por Sergio Pitol.

I
En México, la primera gran batalla por el libro y su defensa la sostuvieron los liberales del siglo XIX; fue ardua y constante. En especial se debe citar a Ignacio Manuel Altamirano y a Justo Sierra. Pero el apóstol del libro de más altos alcances que ha conocido nuestro país ha sido José Vasconcelos, quien en el siglo pasado, de 1921 a 1924, casi inmediatamente después de la Revolución mexicana, durante su cargo como Secretario de Educación en el periodo presidencial de Álvaro Obregón, transformó todos los espacios culturales de la nación. José Vasconcelos era un hombre de ideas intensamente viscerales. Sin embargo, de ninguna manera le estorbaron para realizar el programa de cultura que delineó cuando fue designado Secretario de Educación. Un programa que, sin eufemismos, puede uno considerar como titánico. Por sólo ese periodo de prodigios podría su nombre pasar a la historia. La notable reforma educativa y el renacimiento cultural que emprendió estuvieron siempre, en su momento y aun durante muchos años después, cercados por la incomprensión, minados por la suspicacia, la envidia y el recelo de los mediocres. Sin embargo, su energía se impuso. Para lograrlo, se rodeó de todos los escritores de talento del país, igual los comprometidos con sus ideales educativos que los empeñados en el culto de formas que él no admiraba, así como de músicos, pintores y arquitectos de todas las edades y tendencias, aun de aquellas que admitía no comprender, o que abiertamente no compartía. En ese sentido fue absolutamente ecuménico. Con él se iniciaron casi todos los escritores que conformaron nuestra vanguardia literaria, y se pintaron, ante el pasmo horrorizado de la gente de orden y razón, los primeros murales. Llamó a todos los artistas a colaborar con él y no los convirtió en burócratas. Y ya en sí eso es un milagro.

Se ha escrito ampliamente sobre la Cruzada educativa y cultural de Vasconcelos. Me conformo con citar unas líneas de Daniel Cosío Villegas, un intelectual a quien caracterizaba el escepticismo, y aun cierta frialdad hacia sus pares:

Entonces sí que hubo ambiente evangélico para enseñar a leer y escribir al prójimo; entonces sí se sentía en el pecho y en el corazón de cada mexicano que la acción educadora era tan apremiante como saciar la sed o matar el hambre. Entonces comenzaron las grandes pinturas murales, monumentos que aspiraban a fijar por siglos las angustias del país, sus problemas y sus esperanzas. Entonces se sentía fe en el libro, y en el libro de calidad perenne…

II

En una obra de Mijaíl Bajtín leí una aseveración en que pocos han reparado. Dice este excepcional teórico ruso que el más grande don que el mundo nos ofrece al nacer es una lengua acuñada, desarrollada y perfeccionada por millares de generaciones anteriores. Hemos, los humanos, recibido la palabra como una herencia mágica. Uno sabe quién es solamente por la palabra. Y nuestra actitud ante el mundo se manifiesta también por la palabra. La palabra, tanto oral como la escrita, es el conducto que nos comunica con los demás. Le permite salir a uno de sí mismo y participar en el convivio social.
Y el escritor español Pedro Salinas en uno de sus ensayos sobre lingüística declara: "El hombre hizo el lenguaje. Pero luego, el lenguaje con su monumental complejidad de símbolos, contribuyó a hacer al hombre; se le impone desde que nace". La filosofía, la historia, todas las disciplinas del saber, son productos del lenguaje. Pero hay una que establece con él una relación especial, y ésa es la literatura; es, desde luego, hija del lenguaje, pero también es su mayor sostén; sin su existencia el lenguaje sería gris, plano, reiterativo. Es la literatura la que lo alimenta, lo transforma, lo castiga a veces, pero le otorga una luminosidad que sólo ella es capaz de crear.
La literatura, como toda rama de la cultura, no conoce límites; su territorio es inconmensurable, y a pesar de todos los esfuerzos que se haga no podrá conocer más que una porción minúscula de aquel inmenso espacio.
En la zona donde yo me muevo mejor, la novela, el lector tiene la posibilidad de viajar por el espacio y también por el tiempo y conocer el mundo y sus moradores por su presencia física tanto como en su interioridad espiritual y psicológica. Leer es conocer Troya a través de Homero, y el periodo napoleónico por Stendhal, el surgimiento triunfal del mundo burgués en la Francia de la primera mitad del siglo XIX, por Balzac, y todo ese mismo siglo en España, cargado de múltiples peripecias por Pérez Galdós, las condiciones sociales de la Inglaterra victoriana por Dickens, la épica escocesa por Walter Scott y el sofocado mundo colonial británico por Joseph Conrad. Sabemos lo que sucedía en el México de Santa Anna por Inclán y en el de la Revolución a través de Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos y Mariano Azuela, y de esa manera, por la novela, podemos vislumbrar muchos, muchísimos fragmentos del mundo, los que queramos, no sólo las situaciones histórico-sociológicas en un país y una época determinados, sino además las modulaciones del lenguaje, y el acercamiento a las artes plásticas, a la arquitectura, a la música, a los usos y costumbres, al imaginario de ese espacio y ese tiempo que elegimos.
Leer es uno de los mayores placeres, uno de los grandes dones que nos ha permitido el mundo, no sólo como una distracción, sino también como una permanente construcción y rectificación de nosotros mismos. Reitero la invitación, casi la exhortación, de mantenerse en los libros, gozar del placer del texto, acumular enseñanzas, trazar una red combinatoria que dé unidad a sus emociones y conocimientos. En fin, el libro es un camino de salvación. Una sociedad que no lee es una sociedad sorda, ciega y muda.


III

Hace unos años, 15 tal vez, en un simposio literario una persona pasó a la tribuna y declaró rebosando de felicidad que el libro era ya un objeto obsoleto, que tenía sus días contados, que la sociedad actual podría evitar las molestias de su frecuentación, puesto que la Internet le resolvería cualquier necesidad de entretenimiento e información. La Internet, nos asestó en varias ocasiones, es el vehículo cultural del presente. Su aparición reviste la misma importancia que el descubrimiento de Gutenberg en su época. Las bibliotecas se transformarán en oficinas y viviendas. Los poetas no le son ya necesarios a nadie.
Por fortuna ese ignorante se equivocó. Las ferias del libro en México, en nuestro continente y en toda Europa han repuntado de una manera impresionante. Las librerías se multiplican en nuestro país. Sabemos que por largo tiempo el libro no decaerá, no por el uso de la Internet sino por lo contrario, ambos son susceptibles a potenciar los efectos de uno a los otros.
Parecería que el eco de Vasconcelos está volviendo a sus orígenes.

IV

La palabra libro está muy cercana a la palabra libre; sólo la letra final las distancia: la o de libro y la e de libre. No sé si ambos vocablos vienen del latín liber (libro), pero lo cierto es que se complementan perfectamente; el libro es uno de los instrumentos creados por el hombre para hacernos libres. Libres de la ignorancia y de la ignominia, libres también de los demonios, de los tiranos, de fiebres milenaristas y turbios legionarios, del oprobio, de la trivialidad, de la pequeñez. El libro afirma la libertad, muestra opciones y caminos distintos, establece la individualidad, al mismo tiempo fortalece a la sociedad y exalta la imaginación. Ha habido libros malditos en toda la historia, libros que encarcelan la inteligencia, la congelan y manchan a la humanidad, pero ellos quedan vencidos por otros, los generosos y celebratorios a la vida, como El Quijote, La guerra y la paz, de León Tolstoi, las novelas de Pérez Galdós, todo Dickens, todo Shakespeare, La montaña mágica de Thomas Mann, los poemas de Whitman, los ensayos de Alfonso Reyes y la poesía de Rubén Darío, López Velarde, Carlos Pellicer, Pablo Neruda, Octavio Paz, Antonio Machado, Luis Cernuda y tantísimos más que continúan derrotando a los demonios. Si el hombre no hubiese creado la escritura, no habríamos salido de las cavernas. A través del libro conocemos todo lo que está en nuestro pasado. Es la fotografía y también la radiografía de los usos y costumbres de todas las distintas civilizaciones y sus movimientos. Por los libros hemos conocido el pensamiento sánscrito, chino, griego, árabe, el de todos los siglos y todas las naciones.
La Biblioteca del Universitario creada por la Universidad Veracruzana le abre al estudiante las puertas del conocimiento del mundo y también a sí mismo.

La Biblioteca del Universitario es una colección de textos considerados como clásicos de la literatura universal, que pretende formar estudiantes más cultos y mejores seres humanos.

LEER EN TIEMPOS DE CRISIS

Por Manuel Fernández Cuesta (tomado de EL PAÍS).


Los libros gozan de buena salud en plena recesión. Pero ¿deben limitarse a ofrecer una forma barata de ocio y evasión privados? No. Leer es el paso del yo al nosotros, clave en la forja de una identidad colectiva.

Confiemos, por una vez, en las estadísticas. En nuestro país ha crecido, repiten los datos oficiales, la comunidad lectora. Esta afirmación, por sí sola, debería ser motivo de satisfacción tanto para la industria del libro, necesitada de ampliar su cuota de mercado, como para los diferentes poderes públicos, deseosos de contar, sin duda, con una ciudadanía atenta, sensible y consciente.

Las reiteradas campañas de fomento de la lectura pretenden que lo hagamos de manera alegre y gozosa, divertida y espontánea, dando por sentado que el hecho físico e intelectual de leer, con independencia de la calidad, es un valor esencial de la democracia, un nuevo activo ciudadano comparable a la igualdad o a la tolerancia ante la diversidad.

Las acciones gubernamentales de impulso del hábito son genéricas, transversales, y no especifican o promueven materias concretas, títulos o escritores. Lo contrario sería, en los regímenes democráticos, una violenta intromisión en la autonomía de la voluntad, un atentado a la libertad de pensamiento, elección y empresa. Lea, repite el ministerio correspondiente, lea. El contenido ya lo decidirá usted -si puede y le dejan- actuando con su fuerza de cliente responsable (sic) sobre la inmensa y apetitosa oferta editorial.

Extender la cultura, sin proponer una definición de la misma, al cuerpo social a través de los libros preside las intenciones de la Administración, intenciones secundadas, con natural empeño, por las compañías productoras. Sin embargo, la lectura moderna, el modo contemporáneo de aproximación a las obras, es asumida por una parte mayoritaria de la ciudadanía -impulsada por estas campañas y el recuperado prestigio de la letra impresa- como un intento de recreación de la imaginaria “vida interior” (perdida ante la permanente exposición pública del mundo del trabajo), recreación artificial que cubriría un espacio vacío dentro del dominio de la individualidad. En resumen, una alternativa más de ocio privado ofrecido por la insaciable sociedad del espectáculo.

Sabido es que la lectura es una actividad individual. Un acto íntimo provocado por la relación entre el sujeto y el libro. Pero si esta acción no influye en el discurso colectivo dominante, si el trato con las imágenes, personajes, símbolos, sensaciones e ideas no genera crítica social y, por extensión, no facilita la participación juiciosa de la ciudadanía en los asuntos públicos, el hecho en sí quedará relegado a la mera intimidad, convirtiendo el ejercicio en una especie de autismo semántico o superflua exaltación de la subjetividad: un entretenimiento fugaz. Leer es el paso (necesario) del yo al nosotros. Un salto necesario para la profundización de la identidad colectiva.
Trascender, en aras de la participación, ese instante de intimidad que la lectura conlleva es una de las aspiraciones de toda comunidad lectora, de cualquier comunidad democrática. Es por esta razón que, superado el momento de soledad y concentración, esos minutos de introspección cada vez más escasos teniendo en cuenta el ruido reinante, la prolongación de las jornadas laborales y la convulsa vida en las sociedades occidentales, se impone el acercamiento de lo leído y experimentado al relato común, a la construcción múltiple, contra el pensamiento único, del sentido.

O la polis interpreta a sus clásicos y contemporáneos con sentido crítico y práctico, extrayendo consecuencias de sus miradas, o el individualismo, uno de los dogmas refutados en esta impredecible crisis neoliberal, seguirá articulando todas las respuestas posibles. Lee y difunde, se decía años atrás, cuando las palabras encadenadas influían. Los éxitos editoriales circulan de boca a oreja, se repite ahora.

Impulsado el libro, desde el siglo XIX, bajo la imaginaria entidad de capital cultural circulante, las obras adquieren su verdadero valor, su valor de uso y cambio, cuando las proposiciones e interrogantes que plantean -sean narración, ensayo o poesía- forman parte de los intercambios democráticos e integran el discurso activo del cuerpo social. Si Juan Marsé, Belén Gopegui, Isaac Rosa, Alejandro Gándara, Almudena Grandes o Antonio Muñoz Molina, por citar novelistas actuales, no consiguen generar una sociedad más reflexiva, si no sirven a los lectores -acostumbrados a leer sin modificar el escenario- para asaltar los cielos y cambiar los cimientos de la razón hegemónica, ¿cuál es su función? ¿Cuál será, en la sociedad posindustrial, la labor del escritor? ¿Agitar o entretener? ¿Impulsar o sedar? Los más respetuosos dirán: ambas. Para viajar alrededor de la equidistancia no hace falta tanta alforja de papel.

Con la llegada de esta crisis, que algunos llaman sistémica (estructural, crisis del modelo de producción) y otros se limitan a calificarla como la más grave (coyuntural, crisis del modelo de gestión) desde la fundación del actual orden mundial en el fastuoso complejo hotelero Mount Washington en Bretton Woods (julio, 1944), el sector editorial ha lanzado su valiente premisa y construido su particular storytelling: el libro será uno de los valores refugio del pequeño consumo. Disminuye la demanda, se sostiene, y la recesión es un hecho empírico, pero la lectura se mantendrá firme -y la industria sufrirá menos que otras, pese a los previsibles reajustes- ya que los consumidores no podrán pasar sin su dosis cotidiana de letra impresa, sin su compulsivo y organizado ocio lector. Respiremos tranquilos. El optimismo cultural nos hará libres.

Estos días, parece, vuelven a las librerías textos del vilipendiado Karl Marx. Keynes y Galbraith son rescatados -zombis altaneros y polvorientos- de los almacenes. A tenor de estas reediciones -aceptando que esta sorprendente premisa sea cierta-, en épocas de crisis vuelven las respuestas conocidas, aquellas que fueron olvidadas por la arrolladora presencia, casi militar, de la producción teórica y literaria de los thinks tanks neoliberales. Pero las claras exposiciones históricas, sociológicas o políticas de analistas como Eric Hobsbawm, Vicenç Navarro, Immanuel Wallerstein, Giovanni Arrighi, José Manuel Naredo, Slavoj Zizek, Zygmunt Bauman o Terry Eagleton, por nombrar los más conocidos, no aparecen, como debieran, en el paisaje libresco cotidiano.

Vivimos en uno de los países europeos con mayor índice de fracaso escolar. Sumemos -un rápido cálculo- las horas de permanencia en el puesto de trabajo (el que lo tenga) al tiempo empleado en los desplazamientos. Añadamos a este resultado el promedio de horas, por persona, delante de la televisión (datos ofrecidos por los índices de audiencia), la convivencia con la familia, hijos o amigos, el aseo personal y la intendencia doméstica, urgencias, imprevistos y el obligado sueño. Finalizada la cuenta, pocas horas quedan para la lectura. ¿Cuándo puede el votante medio sumergirse en los clásicos o en las modernas obras de Coetzee, Modiano, Saramago, Doris Lessing, DeLillo, Lobo Antunes, Le Carré o el recuperado y cinematográfico Richard Yates, uno de los creadores que, con más claridad, analizó, años atrás, lo que somos? Malos tiempos, sin duda, para Antonio Gamoneda o Manuel Vilas, valiosos e intensos poetas de diferentes y relacionadas generaciones.

Confiemos, una vez más, en las estadísticas: en España ha crecido la comunidad lectora. Las razones y propuestas que encierran los libros, el punto de vista o la mirada del autor, siguen ausentes del debate, de la escena pública. La formación del gusto -esto es, la tendencia a la uniformidad del sentido e interpretación de acuerdo con los intereses dominantes- y la complacencia de los lectores -hemos pasado, en pocos años, de susurrar en la trastienda de las librerías a la exaltación de lo sentimental, la aventura con apariencia literaria y el bestseller nacional e internacional- parecen ser los ejes cartesianos que delimitan la creación, su actual norma de estilo. Una premisa se alza entre las ruinas del modelo de gestión capitalista: la lectura es, más que nunca, un arma arrojadiza. Un afilado e imprescindible instrumento para afrontar y combatir la inestabilidad, vital y laboral, del presente. La salud de una comunidad -las constantes vitales de una sociedad- se puede diagnosticar, también, analizando la lista de los libros más vendidos.

miércoles, 8 de abril de 2009

ALGO GRAVE VA A SUCEDER - DE GRABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Por Antonio Alonso.


A continuación, publico un párrafo de un texto poblicado por García Márquez; no tengo la menor triste idea acerca de dónde salió, ya que lo encontré en una hoja fotocopiada del archivo personal de un amigo. Disfrútenlo.


Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 19 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: ‘No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo’.

El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: ‘Te apuesto un peso a que no la haces’. Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla, Y él contesta: ‘Es cierto, pero me he quedado preocupado de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo’.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, feliz con su peso y le dice : Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto. ¿Y por qué es un tonto?, Porque no pudo hacer una carambola sencillísima según el preocupado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo. Y su madre le dice: No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

Una pariente que estaba oyendo esto y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero: ‘Déme un kilo de carne’, y en el momento que la está cortando, le dice: Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado’. El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice: ‘mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas’. Entonces la vieja responde: ‘Tengo varios hijos, mejor déme cuatro kilos…’ Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor.

Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde. Alguien dice: ¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo? Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor! Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor. Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor. Sí, pero no tanto calor como hoy. Al pueblo todos alerta, y a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: ‘Hay un pajarito en la plaza’. Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito. Pero señores, dice uno siempre ha habido pajaritos que bajan aquí. Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo. Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy. Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que todos dicen: ‘Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos’. Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa’, y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, le dice a su hijo que está a su lado: ¿Vistes m’hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?


martes, 10 de marzo de 2009

LA ENTREVISTA, FUNDACIÓN DE LA FACULTAD DE PERIODISMO

Por Emilia Melchi Reyes, de Notiver.



Antonio Salazar Páez, es el único de los fundadores de la Facultad de Periodismo que nos cuenta la historia de cómo se edificó esta escuela, no ha sido invitado a los festejos de los 55 años, pero no le interesa, lo que tenía que hacer, ya lo hizo.


Para no fallarle la memoria nos presenta un libro que él editó sobre la historia de la Facultad de Periodismo, fundada en 1944, un 22 de febrero, impulsada por el entonces gobernador Marco Antonio Muñoz. ¿Su fundación? "La facultad de Periodismo fue fundada un 22 de febrero de 1944, ante las más destacadas autoridades civiles y universitarias y ante los medios más representativos de Veracruz. El licenciado Marco Antonio Muñoz, al haber la declaratoria inaugural dijo, no fue por azar que la Universidad Veracruzana decidió enriquecer sus instituciones con la Facultad de Periodismo, su creación obedeció a dos razones fundamentales, una de ella fue la de encausar científicamente y edificar elevándola a nivel universitario la profesión prototípica de los tiempos modernos.


La obra, la de hacer honor a la gran tradición libertaria del heroico pueblo veracruzano, formando en las aulas a los defensores por excelencia de la libertad humana. Recuerdo a los periodistas que los más caros ideales de nuestro pueblo alientan en la divisa de la universidad y que esta función de índole social los difunde y los exalta, dentro de esta función a la facultad de periodismo le corresponde una alta misión: la de ser baluarte de todas las libertades del pueblo, entre ellas las de pensar y escribir en las que radica la grandeza de la patria, cuyo patrimonio espiritual debe enriquecerse con la aportación de cada generación. A los periodistas les toca la misión de firmar este concepto contra todas las fuerzas que pretenden negarlo o menguarlo, porque por eso son los guardianes de los más caros guardianes del pueblo mexicano... El gobernador cuando fue inaugurada la facultad de periodismo Marco Antonio Muñoz; el rector era Ezequiel Coutiño; don Juan Malpica Silva y Juan Malpica Mimendi, director y subdirector respectivamente de El Dictamen. El presidente municipal Arturo Llorente González. El primer director de la facultad de periodismo Félix del C. Martínez".


¿Los primeros maestros y alumnos fundadores? "Al inaugurarse la facultad de periodismo y docente, el director era Félix del C. Martínez; maestro de estilística periodística. El secretario de la Facultad Alfonso Valencia Ríos, como profesores Vicente Ortiz, Renato Reyes Sentéis, Eduardo Capo Bonafous, Francisco Fernández Terán y Sofía E. de Esponda, entonces se carecía de catedráticos especializados para cubrir las plazas necesarias. Los primeros alumnos inscritos el 22 de febrero fueron: Miguel Ángel Campos Ortiz, Francisco Gutiérrez González, Antonio Salazar Páez, Juan Pastrana Peña, Adrián Ramón Terán, Simón Andrade Valdez, Cesar Ramírez García, Manuel Fuentes, Ricardo Rubín Escobar, Gemma Odila Garzón, Brigida Sánchez Vargas, Virginia Alcocer, Rosario Fernández, Guadalupe Gilabert y Faustino Morán Herrera, poco después ingresaron Roberto Duich, Rafael López Castaño, Armando López Cabral, Antonio Ramírez Lara, Oscar Castañeda Rodríguez, Alfonso Domínguez Landa, Primitivo García, Cesar Zaleta, Dulce María Vargas y Adoración Jordán. En 1955 se inició el segundo año de estudios de la Facultad".


¿Su nacimiento? "Aunque la Facultad de Periodismo fue fundada el 22 de febrero de 1954, los cursos iniciaron el día 11 en la escuela secundaria y de Bachilleres, cuyo director Renato Reyes cedió una aula con el fin, en abril de ese año el Ayuntamiento de Veracruz designó para la facultad varios salones en el segundo piso del edificio Trigueros, donde poco después se recibieron algunas máquinas de escribir y en julio las sillas de paleta, en uno de los salones se empezó a formar la biblioteca y hemeroteca con 4 libreros y algunos libros que se obtuvieron como donativos, con algunos periódicos de la localidad y de otros estados del país. Las clases de fotografía se impartían en el club fotográfico de Veracruz en el mismo edificio, donde el presidente era el mismo director de la facultad, quien consiguió los instrumentos para las prácticas de laboratorio. El primer periódico de la escuela se llamó Informaciones, se empezó a publicar en tamaño estándar los lunes en 1954, impreso en El Dictamen, luego ya en la imprenta Estandar".


¿Su edificio? "En 1960 el entonces rector de la Universidad Gonzalo Aguirre Beltrán adquirió para la facultad un taller de imprenta en la calle de Lerdo, el equipo no era nuevo pero estaba en condiciones de servicio, don Félix Martínez duró como director 6 meses y murió, pero hizo los movimientos para tener un edificio propio y obtuvo de la UV la autorización para alquilar el inmueble adecuado y en el mismo mes de julio se cambió al edificio hasta 1967 en el edificio de 5 de Mayo número 29. A la muerte de Félix C. Martínez, Alfonso Valencia fue designado como director, su primera preocupación fue el traslado de los talleres donde quedaría la universidad. Con la inauguración del edifico propio que dispuso el gobernador Fernando López Arias para la facultad se inició una nueva etapa de la facultad. El primer estudiante de la Facultad de Periodismo que obtuvo su título profesional fue Francisco Gutiérrez González, quien presentó exámenes profesionales práctico y teórico los días 5 y 6 de agosto de 1958 en la sala de redacción de El Dictamen y en la propia facultad. Su tesis fue el Periodismo en Función de la Libertad y la Cultura a través de la historia y fue aprobado por unanimidad".


¿Nuevo edificio? "El ciclo de estudios de la Universidad 67-68 se inició en un nuevo edificio construido especialmente para la facultad por disposición de la Facultad por el gobernador Fernando López Arias, edificado y proyectado por el arquitecto Enrique Segarra Thomas, catedrático de la facultad, en quien encontraron las condiciones para proyectar la obra. El licenciado López Arias dio a conocer su interés de construir este edificio desde que tomó posesión del Gobierno del Estado, antes cuando fue procurador general de la República se interesaba por la trayectoria de la facultad. Los estudiantes le pidieron la arquitecto Segarra un anteproyecto para presentarlo al gobernador con las necesidades que se requería para la facultad, este inmueble antes fue el edificio Industrial de Señoritas. El presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, inauguró el edificio de la Facultad de Periodismo el 18 de marzo de 1967, acompañado del entonces gobernador Fernando López Arias, el alcalde Manlio Fabio Tapia Camacho, el director de la facultad Alfonso Valencia Ríos".



¿Fue fundador de la facultad? "Sí, se remonta a los años 57 por un grupo de redactores que trabajábamos en El Dictamen, inspirados por nuestro jefe de redacción, don Félix del C. Martínez, los hermanos Malpica, Chito y Javier eran chicos, jovencitos. Nos llamó y nos dijo que era conveniente que nos preparáramos un poco más, que ya en México había rumores que se quería hacer una escuela. En Novedades ya les estaban dando clases a los redactores, éramos 13 redactores, dijimos con todo gusto. Yo era redactor y profesor, fui profesor de la Benito Juárez en 1946, me encontré a Félix del C. Martínez como catedrático de Literatura en el Ilustre Instituto Veracruzano, don Adolfo Ruiz Cortines era gobernador, quien me conoció en Xalapa como dirigente normalista, cuando vino acá me preguntó, por qué no estudias Periodismo, no hay escuela en ninguna parte. Yo ya tenía nociones de redacción, era profesor y me conocí con Alfonso Valencia, Julio Guerrero, Alfonso aceptó enseguida igual que Gemma Odila y Antonio Velasco, otro diferente al que existe ahora, inclusive dos o tres linotipistas. Don Félix me dijo yo estaba estudiando Ingeniería, pero ya no pude, me vine a trabajar, si tu sigues aquí no van a venir más, son profesores usted y Valencia".


¿Qué recuerdos le trae de cuando inauguraron la escuela? "Muy gratos recuerdos, todos como hermanos nos dedicamos a estudiar, presentamos nuestros exámenes, hubo muchos que ya no siguieron en El Dictamen, en la facultad de Arista y Zaragoza es donde comenzamos. Estuvimos tres meses en la preparatoria, luego una casa que está junto a la escuela Manuela Herrera, había maquinaria y ahí iniciamos la gestión con Marco Antonio y él fue quien nos hizo la facultad. Yo era maestro y periodista, yo me forjé como 'tunde teclas' gracias a Félix del C. Martínez, quien era mi maestro de Literatura, éstas son las verdades en un libro que edité. Los que fundaron la escuela no eran periodistas, fue Marco Antonio Muñoz, quien hizo periodista a Alfonso Valencia de voz, ellos no presentaron ni exámenes ni nada, dijo usted va a ser director le dijo a Félix Martínez, ellos no estudiaron, esa es la verdad, ellos eran inteligentes y estudiosos, eso no quiere decir que le quitemos el valor a ninguno de ellos, alguien tenía que estar y el gobernador tenía facultades de nombrar director, por lo cual Félix del C. Martínez fue el primer director y yo fui maestro cuando salí de la facultad, tengo mi título de periodista".


¿Se ha cumplido el objetivo para lo que fue hecha la facultad? "Pues todos han trabajado, según los principios de la universidad, han hecho lo posible, el sistema político ha seguido su secuela, en un principio se afirmaron los principios de decir la verdad, de no ser un periodista charolero, de no aceptar regalías de nadie, de hacer las rectificaciones en caso necesario con hechos y no palabras, una de las palabras que concebimos fue escribe conciso, preciso y macizo, yo les figuré como la piedra en una onda, de acuerdo con la fuerza espiritual y mental que yo lance la piedra llegará más lejos y la ruta que siga será la fuerza con que pegue y será el hoyo que haga y la penetración que tenga, si no lleva fuerza en el mensaje no ahondará la idea, ese es el Periodismo, yo no me quejo, seguí escribiendo para Novedades, para cinco periódicos. Escribí cinco años y cuando se tiene un concepto más amplio puede escribir columnas de comentario y llegar hasta la editorial, el alma de un periódico".


¿Se considera periodista? "No, todavía le aprendo a los demás, necesitamos estar actualizados, porque para ser periodista se necesita leer mucho, ir eliminando tanta basura que por desgracia le echa uno a la nota, porque en muchas ocasiones le piden a uno una nota de dos o tres cuartillas porque el periódico necesita rellenar. Salíamos a la una de la mañana Valencia y yo, fui corrector de estilo, por desgracia se echa muchos enemigos porque tienes que eliminar mucha basura y yo principié por tener cuidado, aprendí gramática poco regular en la Normal, con sujeto, verbo y predicado, eliminaba el sujeto y en la oración el verbo es el que dice todo".


¿Lo invitaron a los festejos del 55 aniversario? "No, nunca me invitaron, yo he caído de allá lamentablemente, no me toman en cuenta y yo muchas gracias". ¿Es el único fundador que queda vivo? "Sí señor, soy el único, se me fue Valencia y uno que era Antonio se murió también, está bien que ellos sigan trabajando, no me siento; yo estoy feliz todo el día, que me hablan de México por alguna declaración, cuando no me acuerdo de una cosa voy por los libros, hechos y no palabras".


¿Qué siente de haber sido fundador? "Tengo muchos recuerdos, le da a uno tristeza no haber hecho más de lo que se podría hacer, Alfonso Valencia fue un hombre inteligente que sí mereció la dirección, nos propusieron a tres y no consideramos, él ya era jefe de información y que le tocara. Don Juan Malpica fue muy honesto, llegaba con su Crónica y se sentaba afuera en una banquita a esperar, él era el director, pero la modestia, la humildad, creo que a veces la humildad es mala pero hace valer los valores, confunden la humildad con miedo, me preguntaba si estaba bien lo que estaba haciendo, me ponía la comparación con hombres ilustres y le decía, perdona, pero los hombres que valen se hacen, se forjan, son como el metal, si traen inteligencia y desarrollan habilidades y obtienen conocimientos ya es un camino que puede llevarlos a las alturas. Yo empecé no de periodistas sino de profesor rural en una congregación de Zongolica, ahí fui líder agrarista de los campesinos que no les daba tierra, yo fui el primero en abrir la escuela de maestros rurales, porque yo terminé la primaria a los 16 años y no me recibieron en la secundaria, entonces sin papeles me registraron como maestro rural, por eso fue que un maestro me animó para ir a trabajar en Zongolica, Juan Galicia me metió a la Normal como maestro rural, gracias a que a mí me aceptaron por eso aceptaron a todos los maestros rurales".


¿No le da sentimiento que no lo inviten? "No me da sentimiento, espero que hagan las cosas bien, que no se vayan sólo con el sentir político del quedar bien y eso, que progrese la escuela".


¿Ha sacado buenos periodistas? "Bueno el periodista se hace sin ir a la escuela, yo no sé quién debe calificar al periodista, el periodista se vale por si mismo, que cada uno diga que habla claro, conciso y preciso, si habla con elegancia, la elegancia es la que determina la personalidad del periodista".


¿Cuántos años tiene? "Voy a cumplir 89 años, cuando fundé la escuela fue hace 55 años, ya tenía a mis tres hijitas que ahora son profesoras, entré trabajando como profesor y periodista. Trabajé 58 años como periodista hasta que ya no me aceptaron, yo hubiera querido seguir escribiendo, ahora me estoy jubilando y cumplí 60 años de profesor y recorrí todo, primaria, secundaria, fundamos la Facultad de Periodismo de la cual egresé, tengo mi título, en fin".