jueves, 6 de noviembre de 2014

¿Por qué hace tanto calor?

Por Antonio Alonso.

¿Sabía que, desde la década de los 80’s, hemos emitido cerca de 400 mil millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera? Para ser una cantidad tan grande, es curioso que no podamos verlo, pero éste mortífero gas resulta ser prácticamente imperceptible.

Entre China y Estados Unidos producen cerca del 50% de éste contaminante, que procede principalmente del uso de combustibles fósiles.

Es lamentable que desde 1878, en la Exposición Universal de París, ya se hayan dado a conocer los beneficios del uso de la energía solar, a través de un invento de Augustin Mouchot y se haya preferido el uso del petróleo porque resultó ser aún más barato y fácil de obtener que el carbón.

El emisor de CO2 más grande con que cuenta la naturaleza es el gas volcánico, que no alcanza ni el 10%. El consumo de carbón representa el 44% de las emisiones globales de éste gas, seguido por el 36% del que se produce por el uso de petróleo, de acuerdo con estadísticas del Earth Policy Institute.

Aparentemente, el petróleo y otros combustibles fósiles, así como algunos recursos que hoy sabemos que no son renovables, en algún momento de la historia -posiblemente durante la Revolución Industrial- fueron considerados “recursos abundantes”, y fue como inició la carrera por su explotación y comercialización, y con sus bajos costos acabaron con el sueño de la energía limpia.

La acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera produce algo llamado “efecto invernadero”, y los científicos ambientalistas tienen el 95% de la certeza de que se debe mayormente al uso de 
combustibles fósiles.

El efecto invernadero consiste en que ésta nube de gases impide que la Tierra proyecte de vuelta la radiación que emite el Sol, provocando que todo ese calor sea absorbido por la superficie que algunos denominan “oscura”; la superficie “blanca”, la que refleja naturalmente ésta energía calorífica, es la de los hielos polares.

De acuerdo con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), desde el año 1906 al 2005, la temperatura media de la superficie terrestre aumentó 0.74 °C, pero dentro de unos cien años, podría aumentar en seis grados.

Esto ya supone graves riesgos en la agricultura, pues por cada grado por arriba de la media disminuye un 10% el rendimiento de los cultivos de cereales como trigo, arroz y maíz, según estudios de José Larios Martón, investigador del Consejo Andaluz de Medio Ambiente.

Por si fuera eso poco, durante el siglo pasado los niveles del mar aumentaron unos 17 centímetros, y se espera que, al finalizar éste siglo, el nivel aumente unos dos metros. Además, los niveles de tierra congelada en invierno disminuyeron 7% durante todo el siglo XX.

Las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzan ya niveles que no se han visto en 650 mil años, la desaparición de los hielos glaciares está a punto de llegar al punto de “no retorno”, de acuerdo con observaciones de la NASA y la Universidad de California. La National Oceanic Atmospheric Administration (NOAA), dice que es el nivel más alto en 2.1 millones de años.

"Los glaciares seguirán derritiéndose hasta que desaparezcan, y el hecho de que reaccionen casi simultáneamente señala una causa común", que es el aumento de las temperaturas en el océano que está haciendo que los glaciares se contraigan y derritan en el mar, asevera Eric Rignot, profesor de Ciencias del Sistema de la Tierra de la Universidad de California y glaciólogo del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena.

Y la cosa se pone peor, pues el permafrost (un tipo de hielo que existe en las regiones más frías del planeta, y que ha estado ahí por cientos o miles y quizás millones de años), tiene doce años que ha comenzado a derretirse y contribuye a la liberación de gases de efecto invernadero a la atmósfera, esto según el Centro de Permafrost (CENPERM) en el Departamento de Geociencias y Administración de Recursos Naturales de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca.

El permafrost ocupa cerca del 16% de la superficie terrestre y el fondo marino, y almacena cerca de 1672 billones de toneladas de CO2 y metano, una cantidad –dicen- similar a la que está contenida en la atmósfera. El metano tiene unas cien veces el poder de efecto invernadero del dióxido de carbono.

Queda claro. Estamos a punto de alcanzar el punto de no retorno, la National Oceanic Atmospheric Administration (NOAA) y el Instituto Polar Noruego dicen que ese punto podía ser el año 2017; y tenemos de aquí a entonces  para estabilizar la situación y reducir las concentraciones de gases invernadero por debajo de niveles que “no supongan disparar mecanismos de retroalimentación que hagan el calentamiento global imparable”.

¿Aún te preguntas por qué hace tanto calor hoy? ¿Qué rayos estás haciendo al respecto?

miércoles, 13 de agosto de 2014

Pasos por la humanidad. La promesa de Voyager 1.

Por Antonio Alonso.


Es un error asumir que los conocimientos no pueden ser corregidos por un descubrimiento nuevo, sobre todo si se trata de cosas antiquísimas, por ejemplo las constelaciones. Hace más de dos mil años, los griegos asentaron la existencia de constelaciones estelares representando a dioses y otras entidades mitológicas.

Hoy sabemos que el universo se expande, las estrellas avanzan y se desplazan, por lo que algunas constelaciones de la antigüedad se han deformado y, en el futuro, podrían adquirir otra forma cualquiera, quizás Sagitario se convierta en Radiofaro.

Otro asunto, por cierto cómico, es que a principios del siglo pasado no se sabía por qué no es posible ver a través de la atmósfera de Venus. Al observar una masa de vapores, los astrónomos pensaron que posiblemente una fauna y vegetación primitivas, así como elementos terrestres, exhalaban sus gases a la atmósfera. Concluyeron la existencia de dinosaurios. La ciencia contemporánea nos ha revelado que se trata de una densa capa tóxica de dióxido de azufre.
Y así como se han explorado los planetas cercanos, se explora el entorno galáctico. En el verano de 1977 fueron lanzadas las sondas interestelares Voyager 1 y 2, para enviar fotografías del universo a las bases en la Tierra, que ya nos permiten conocer cuál es nuestra posición en la galaxia y la forma y distribución de los sistemas vecinos.

Ambas sondas llevan consigo un disco de oro, llamado The Sounds of Earth, se trata de un disco gramófono –es decir que tiene la forma de un disco de acetato, pero este es hecho de oro-. Carl Sagan (1934-1996), astrónomo estadounidense y divulgador científico, dijo que "la nave espacial, y el registro, solo serán encontradas si existen otras civilizaciones capaces de viajar en el espacio interestelar. Pero el lanzamiento de esta botella dentro del océano cósmico dice algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta".

El disco contiene sonidos e imágenes que retratan la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra. Se diseñó con el objetivo de dar a conocer la existencia de vida en la Tierra a alguna posible forma de vida extraterrestre inteligente que lo encontrase, y que además tenga la capacidad de poder leer, entender y descifrar el disco. El contenido de la incluye saludos en 55 idiomas, música y sonidos del mundo, un mapa de nuestro sistema solar, anatomía humana, entre otras cosas.

En 1990, cuando Voyager 1 se encontraba a punto de salir de nuestro sistema solar, a unos 6 mil millones de kilómetros de la Tierra, la sonda tomó una fotografía de nuestro planeta, en la que un error de óptica situó a la Tierra sobre un haz de luz, lo que trajo una compleja reflexión filosófica de Sagan:

Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.


La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra imaginada importancia, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.


La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que jamás hemos conocido.

Aunque en los últimos veinte años, se ha descubierto al menos una decena de planetas con las condiciones de albergar vida, nos tomaría varias generaciones llegar a ellos, por lo que sí, la Tierra es donde debemos quedarnos por ahora. Y, mientras tanto, debemos crear una nueva cultura global, generar una visión a futuro como una misma especie, dependiente de los mismos recursos y agobiada por los mismos problemas.

Los recursos que necesitamos comienzan a escasear y son acaparados por los particulares que tienen el mayor poder adquisitivo. Pronto nos quedaremos sin combustibles fósiles, algunos dicen que en cien años. A la fecha, ya necesitamos una cantidad de alimentos equivalente a los producidos por tres planetas para satisfacer las necesidades diarias y la calidad del aire y el agua en muchas regiones es tóxica.

El hombre cree de veras que tiene una posición privilegiada en el universo y que todo está a su disposición, pero hay límites. Dado el caso de poder colonizar un nuevo mundo, ¿qué haremos de él? ¿Será nuestro pacífico y respetado nuevo hogar o también agotaremos sus recursos y acabaremos con la fertilidad de su superficie?

¿Cómo nos vemos, como humanidad, dentro de cincuenta años? ¿Y dentro de cien o doscientos? Oriente medio está en guerra constantemente, China y Japón podrían entrar en conflicto por las turas comerciales del sureste asiático, Corea del Norte tiene suficiente arsenal nuclear en manos de un Nini como para destruir el mundo unas cien veces, los polos se están descongelando y el 40% de la superficie de la Tierra es desértica, lo que hoy afecta a casi dos mil millones de personas.

Eso, estimado lector, le espera a nuestras colonias en el espacio. Podemos tener grandes avances tecnológicos en los últimos sesenta años, pero necesitamos avances de conciencia. Necesitamos aprender a proyectar, colectivamente, lo que queremos ser y hacer no dentro de diez o veinte años, sino dentro de cincuenta, cien o doscientos años. Analizar los recursos que vamos a necesitar, tasas de crecimiento poblacional, distribución espacial y urbanística, rediseños de arquitectura, legislaciones adhoc que permitan el desarrollo cultural e intelectual necesario para mantener unida a la civilización futura.

¿Dónde estaremos, qué haremos? Hoy nadie lo sabe, y nadie más allá de la Estación Espacial Internacional sabe que estamos aquí. A nadie le importan nuestros asuntos más que a nosotros.

Y, si nosotros no nos preocupamos, ¿quién se va a preocupar? Carl Sagan sabía que un análisis así debe hacerse, y era optimista al respecto.

Dentro de un milenio, nuestra época se recordará como el tiempo en que nos alejamos por primera vez de la Tierra y la contemplamos desde más allá del último de los planetas, como un punto azul pálido casi perdido en un inmenso mar de estrellas.

jueves, 26 de junio de 2014

Política de privacidad.


Por Antonio Alonso.

Todos hemos visto, en alguna ocasión, los anuncios televisivos o radiofónicos acerca de la protección de los datos personales y los anuncios de privacidad con que deben contar quienes soliciten nuestra información particular.

La ley obliga a las instituciones públicas y privadas a hacer público un aviso de privacidad en que aclare para qué se usarán sus datos personales y contra qué se protegerán.

¿Crees que las empresas e instituciones gubernamentales cuidan la confidencialidad de su información personal? ¿Crees que tienen el cuidado necesario? ¿Tienes el cuidado necesario con sus datos personales?


Así es, no sólo las instituciones públicas y privadas, sino uno mismo es quien debe cuidar a quién le proporciona algún dato, por insignificante que sea. Posiblemente has llenado un talón de alguna rifa o sorteo, prestado tu firma y nombre para alguna denuncia ciudadana, o incluso entregado una copia de su credencial de elector o comprobante de domicilio al contratar algún servicio. ¿Qué tanto publicas en tus redes sociales?

Nuestra información tiene un valor económico, quizás no para uno, pero sí para otros. Además, puede afectar la seguridad personal o familiar el qué tanto se sepa de uno.

Por un lado, están las empresas de mercadeo, a quienes les sirve ésta información para algún estudio o promoción. Los lugares que visitas con frecuencia, el modelo del teléfono con que se toman las fotos, lo que uno come, lo que uno escucha, lo que nos gusta o disgusta, el lugar donde se estudia o donde se reside, color favorito, mascotas, autos, etcétera. Las redes sociales son el principal proveedor de información personal en lo que va del siglo.

¿Sabes cuánto cuesta tu información personal? En Tepito llega a costar hasta cincuenta mil pesos una base de datos del padrón de electores completo del IFE (ahora INE). El cómo lo consiguen es otra cuestión.

Si alguna vez se te has preguntado por qué le llega tanta publicidad indeseada y personalizada a tu domicilio o correo electrónico, con seguridad alguien posee tus datos. Nombre, domicilio y correo electrónico. Y si a esto le sumas un directorio telefónico de dispositivos fijos o celulares, alguien podría darte un susto.

Por otro lado, las instituciones bancarias tienen la información completa, nombre, dirección, teléfono, capital, límite de crédito, en qué gastas y dónde.

Internet es asunto aparte. En cuanto uno acepta el contrato para abrir una cuenta de redes sociales, se ceden los derechos de la información que se publica, así como fotografías y datos generados. Una sola foto puede ofrecer más información de la que aparenta.

Tu rostro también es un dato privado, y son conocidos los casos en que algún diseñador deshonesto toma alguna fotografía o video y los convierte en pornografía, lo que afecta la imagen personal y, en ocasiones, termina como un caso de bullying.

Google, por ejemplo, sabe lo que ves en internet y lo que mandas por correo. De pronto, esas visitas tuyas a las páginas porno ya no son tan seguras.

Hacia finales de la década pasada, Alemania proponía que las cuentas de redes sociales y la información que en ellas se ofrece se empleen como “tarjeta de presentación”, lo que puede ser muy práctico si uno cuida lo que publica –o devastador si no-.

Pero este año, en España, se promovió la llamada “Ley de Olvido”, que permite a las personas residentes de la Unión Europea solicitar que la información irrelevante o perjudicial acerca de ellos, publicada en internet, sea suprimida.

Los datos personales pueden convertirse en un asunto de seguridad. Hay quienes los venden y no sabemos a qué clase de personas; y, al parecer, tampoco sabemos la calidad moral de los individuos a quienes les confiamos nuestros datos. Puede ser desde una simple llamada telefónica para ofrecer un producto hasta una extorsión en que den salto y seña  sobre nosotros y nuestras familias. Entre otros muchos casos.

Con la llegada de las nuevas tecnologías de la información y la era digital, nos estamos volviendo “transparentes”. Otras personas pueden vernos y saber quienes somos, como si se tratara de una carpeta abierta, clasificada en varias categorías.

¿Cómo te sentirías si el colegio hiciera públicas tus exámenes con sus calificaciones? ¿Qué tal si el servicio médico diera a conocer tu historial de salud o de repente te llegue publicidad “exclusiva” de tus artistas o marcas de ropa favoritos? ¿O que Hacienda haga públicas tus deudas, Facebook tu lista de amigos y la telefónica tu lista de contactos frecuentes?

Ya no te sentirías tan seguro, ¿verdad?

Cuida tu información personal, fíjate bien a quién se la das. No uses las redes sociales ni internet tan a la ligera. Exige la declaración de privacidad a quien te pida tus datos personales.


domingo, 15 de junio de 2014

¡Soylent Green está hecho de gente!

Por Antonio Alonso.


“¡Soylent Green está hecho de gente!”, gritaba Charlton Heston hacia el final de la película Cuando el Destino nos Alcance (Soylent Green, 1973). En un futuro posible, plantea la película, allá por el 2022, la Tierra está sobrepoblada, árida y deforestada, y es regida por una pequeña élite que controla la política y la economía, además de ser el único sector que tiene libre acceso a productos como carne y vegetales, agua potable y medicinas.

La única fuente de alimentación para el resto del mundo, que vive amontonado, sigue el argumento, son el Soylent Yellow y Soylent Red,basados en concentrados vegetales. Luego aparece Soylent Green, basado en plancton.

Las personas morían por montones en la calle, ya sea por hambre o enfermedad, y grandes grúas se dedicaban a recoger los cuerpos para transportarlos a fosas comunes, según decían las autoridades, por la falta de espacio.

Heston, en el papel de detective, intenta solucionar un asesinato para encontrar al final que la empresa Soylent y su producto, Soylent Green, eran un gran engaño. Soylent Green estaba hecho con los cuerpos que recogían de la calle, transformados en crujientes galletitas verdes con los que alimentaban a todo el mundo. Una referencia a esto la tenemos en la película Cloud Atlas, en la escena del barco en Corea del Sur.

¿Suena familiar el panorama que se plantea? Pareciera que vamos para allá. Desde 2013, el Foro Mundial para la Naturaleza (WWF), aseguró a través de un estudio que el consumo mundial de recursos naturales superan lo que la Tierra puede renovar. En ese mismo año, durante un periodo de ocho meses, la humanidad consumió todos los recursos que la naturaleza puede producir en un año, asegura WWF.

El pasado 23 de abril, Día Mundial de la Madre Tierra, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, dio otra alerta, diciendo que la tasa actual de consumos naturales es insostenible, para lo que se necesitaría un cambio urgente en las actitudes  y políticas de todos los pueblos, invirtiendo más en energías sostenibles.

El Presidente de la Asamblea General de la ONU, John Ashe,aseguró que esta estrategia global “debe promover una firme ética medioambiental y enfatizar la interconexión de la humanidad con la naturaleza.

WWF menciona que algunas de las políticas públicas aplicables a ese fin podrían ser  el ofrecimiento de un transporte público de buena calidad y menos contaminante, la construcción de ciclovías y el estímulo al consumo responsable.

Por su parte, la Secretaria General de WWF Brasil, aseguró que “mientras ello no ocurre, nosotros podemos hacer nuestras opciones recordando que nuestro planeta es finito, así como nuestra cuenta bancaria”.

Jim Leap, Director General del mismo organismo, remarcó el uso sostenible de los recursos naturales, pues  "Para asegurarles un futuro limpio y sano a nuestros hijos, es necesario preservar el capital natural que nos queda y cuidar mejor al planeta al que llamamos hogar".

Una muestra drástica del deterioro de la Tierra es, por ejemplo, la pérdida anual de más de 200 mil toneladas de hielo tan sólo en Groenlandia. Michelle Thaler, científico de Centro de Vuelo Espacial de la base Goddard de la NASA, aseguró que el derretimiento de los glaciares acelera la subida en el nivel del mar a un ritmo de dos milímetros por año entre 1971 y 2010. Ésto es, agua no consumible que causará graves daños.

La Tierra puede alcanzar los 9 mil millones de habitantes para el año 2050 y la economía global consumirá cada vez más recursos narutales, aletra Achim Steiner, Subsecretario General de la ONU durante el informe del panorama ambiental de 2012. "Si continúan las actuales tendencias, si prevalecen los actuales patrones de producción y consumo de recursos naturales y no pueden ser revertidos, entonces los gobiernos presidirán durante niveles sin precedentes de daño y degradación", señaló Steiner.

Para el año 2050, asegura WWF, se necesitarán los recursos completos de tres planetas Tierra para atender las necesidades de la población;esto sin considerar que la salud de los ecosistemas ha decaído en más de 30%desde 1970.

Un ilustrativo ejemplo para comprender la enorme cantidad de agua que necesitamos para mantener nuestro ritmo de vida actual. Para conseguir un café servido en un vaso desechable son necesarios 140 litros de agua. Si le añadimos azúcar y leche, aumenta a 200 litros.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el cambio climático puede dejar un severo daño económico dehasta 2% anual del Producto Interno Bruto para el año 2100, si las temperaturas aumentan un promedio de 2.5 grados. Lo anterior es muy posible, pues los actuales modelos sugieren que las emisiones de gases que producen el efecto invernadero podrían duplicarse durante los próximos 50 años.

Evidenciamos, así, que la ciencia ficción es casi profética, nos encargamos de hacer que la magia del cine se vuelva realidad, sin importar cuán oscura sea la historia que nos cuenten.

A ese ritmo, quizás terminemos consumiendo el único recurso que quede sobre la Tierra, nosotros, hechos galletitas; y quizás ni nos demos cuenta.